Bishop Daily's Pastoral Letters

 

UNA EPIFANIA DE FE

Carta Pastoral en ocasión del Quinto Centenario de la Evangelización en las Américas.

 

 

1. La llegada de la cruz de Cristo a las Américas hace quinientos años es un acontecimiento histórico que debe ser mirado por nosotros los católicos, desde una perpectiva de fe.  Ciertamente hay muchas miradas valiosas y críticas sobre lo sucedido en aquel octubre de 1492; para unos -los europeos- fué descubrir un "nuevo mundo, para otros -los amerindios- fué el comienzo de una invasión con elementos muy complejos: unos positivos, otros por desgracia y a causa del pecado de los hombres, negativos; aún más, para los afroamericanos lo sucedido hace cinco siglos fué la causa de un éxodo forzado y una esclavitud, la cual siempre tenemos que lamentar y condenar.1

 

2. Pero nosotros, ahora, aquí, en la Diócesis de Brooklyn, debemos hacer un esfuerzo, para que con ocasión de esta efeméride descubramos la riqueza y complejidad de nuestro pasado, dándole valor a todas y cada una de nuestras raíces; revisando, de paso, nuestra historia para llenar algunas lagunas y superar algunos prejuicios, descubriendo la riqueza de nuestra realidad actual en donde estamos, en un pequeño territorio, los condados neoyorquinos de Brooklyn y de Queens, personas de tantos y tan variados orígenes y en donde, si queremos, podremos, sin duda, superar las secuelas de la segregación y del racismo que, para verguenza nuestra, todavía subsisten en Estados Unidos de América.

 

3.  Conscientes de esta Epifanía -manifestación-, nosotros, como hombres y mujeres de fe, reconocemos en los acontecimientos históricos, la presencia de Dios como Señor de la Historia y por eso entendemos que el encuentro de América con Europa fué el instrumento permitido por El para la extensión del Evangelio de su Hijo.  La Cruz de Cristo es siempre salvadora, aunque se encuentren fallas y pecados, impiedades y crímenes en algunos de los que la hayan traído; pero así como nunca se puede desconocer lo negativo, tampoco es justo olvidarse de aquellos que nos la entregaron con la sangre del martirio y con el testimonio de sus vidas sacrificadas, honestas y, por qué no decirlo con toda claridad, llenas de heroísmo y santidad.  Hubo luces y sombras en la primera Evangelización, pero gracias a las luces, hoy en las Américas tenemos el don de la fe cristiana.2

 

4.  Dentro de esa misma Epifanía de fe en los quinientos años del cristianismo en las Américas, justo también es reconocer que los amerindios o nativo-americanos, así como los africanos que fueron traídos violentamente a América, tenían, como todos los pueblos, verdaderas "semillas" de verdad y de amor, las cuales permitieron que tanto los amerindios como los afroamericanos acogieran el mensaje salvador de Jesucristo, iniciándose un proceso de inculturación del Evangelio y la evangelización de todas y cada una de las culturas, no sólo las existentes entonces y ahora, sino las que van surgiendo a través de los siglos, están surgiendo en este final del siglo XX y surgirán en el futuro.3


 

5.  Por eso, con toda razón, el Santo Padre Juan Pablo II ha convocado a la Iglesia que peregrina en las Américas, de la que hace parte esta Iglesia diocesana de Brooklyn, a una vigorización del proceso evangelizador, a la que le ha dado el nombre de "Nueva Evangelización y de la que ha dicho que debe ser" nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión".4

 

    De esa "Nueva" Evangelización ha querido ser eco la carta pastoral "Herencia y Esperanza" publicada por la Conferencia Nacional de Obispos Catolicos (N.C.C.B.) de los Estados Unidos (noviembre de 1990).  Carta hermosa que invito a todos a releer, y si es el caso, a conocer y estudiar con cuidado, ya que trata sobre la Evangelización en los Estados Unidos y nos exhorta y orienta en orden a la "Nueva" Evangelización.

 

6.  En esa Carta se resalta la epopeya de la Primera Evangelización, con el esfuerzo "sin precedentes" hecho por España y Portugal, así como la labor humanizante de la Iglesia en medio de la colonización, labor que llevó a la defensa específica de la dignidad del indio como persona -basta recordar ejemplos como los de Las Casas, santo Toribio de Mogrovejo y Vasco de Quiroga- y a la atenuación de los efectos de la esclavitud- posición final del mismo Las Casas, Alonso de Sandoval y san Pedro Claver.

 

   Me podría detener en muchos otros hechos valiosos que recuerda la Carta, como son la creación del Derecho de Gentes, pionero de los modernos Derechos Humanos (Francisco de Vitoria, Francisco Suárez, etc.); la legislación de Indias; las declaraciones papales; la historia de la Virgen de Guadalupe, etc; pero me importa insistir en lo que se refiere a la primera evangelización, aquí en los Estados Unidos, en donde se resaltan hechos tan significativos como los que se refieren a San Agustín de la Florida (primera parroquia, primera misión y primer hospital en los Estados Unidos en 1565), o a la obra del venerable Margil en Texas y Luisiana, o a la del Padre Kino en Arizona y la del beato Junípero Serra en California.5

 

7. Quiero, sobre todo resaltar el aspecto del martirio, ya que según sentencia de Tertuliano "la sangre de los mártires es semilla de cristianos".  La carta "Herencia y Esperanza" nos trae datos impresionantes, por ejemplo, el primer mártir en los Estados Unidos, todavía no canonizado es el franciscano Juan de Padilla (1542) en Quivira, Kansas; así mismo en 1549 fueron martirizados en Tampa, Florida los dominicos Luis Cáncer, Diego de Tolosa y el Hermano Fuentes, los cuales tampoco han sido canonizados y en 1571 fué martirizado en Virginia el jesuíta Juan Bautista Segura.6

Todos estos y muchos más que la carta no menciona, pero de los que hay testimonio y hoy es fácil conocer gracias al trabajo de un hermano obispo, monseñor David Arias, son anteriores al grupo de seis jesuítas de origen francés, que entregaron su vida por Cristo en 1646 en esta región de Nueva York y son conocidos como los protomártires de norteamérica:  san Isaac Jogues, san Juan de Brébeuf y

compañeros.7
 

8.  Por otra parte, merece especialmente destacarse la pluralidad étnico-cultural de los diferentes misioneros que trajeron el Evangelio a lo que hoy son los Estados Unidos de América.  Ya hablamos de los de origen hispano y de un italiano, el padre Kino; resaltemos también a los misioneros franceses como Pierre Baird, Ennemond Mass, Jacques Marquette, Marie de la Encarnación, santa Filipina Rosa Duquesne etc; a los ingleses como Andrés White y sus dos compañeros jesuítas misioneros en Maryland; al belga Pierre Jean de Smet; al haitiano Pierre Toussaint; al checo san Juan Nepomuceno Neumann, obispo de Filadelfia; a la italiana santa Francisca Javier Cabrini; al cubano Félix Varela, etc.8

 

9.  Además, como es apenas lógico en un proceso de inculturación del Evangelio, muy pronto se comenzó a dar en esta tierra americana el don de la santidad dentro de los pueblos nativo-americanos, siendo su símbolo la beata Kateri Tekawitha, la llamada "Lirio de los Mohawks".9

 

    Asi mismo, entre los nacidos aquí de origen inglés hay que resaltar el ejemplo de santa Isabel Ana Seton, conversa del episcopalianismo, fundadora de las Hermanas de la Caridad, -primera comunidad religiosa originada en nuestro país- y promotora de la escuela católica con el arzobispo Carroll de Baltimore.  También a la beata Katharine Drexel, fundadora de la comunidad de Hermanas del Santísimo Sacramento para el ministerio con los indígenas y gente de color, y a una multitud de apóstoles del Evangelio, algunos de los cuales estan en proceso de beatificación (María Elizabeth Lange, Heriette Delille, Juliette Walsh, Francis Clemente Kelly, James G. Keller, Dorothy Day, Peter Maurin, Frank Sheed, Fulton J. Sheen, Thomas Merton, Williams Howard Bishop, Benita Vermeersche, Lydwine Van Kersbergen, Joan Overboss, Catherine de Hueck Doherty, etc.).10

 

10.  Nuesta Diócesis de Brooklyn, por especial privilegio del Señor, tiene una riqueza única e inmensa: la multiforme presencia de diferentes tradiciones culturales.  Con razón se le llama la "Diócesis de los Inmigrantes".  Ordinariamente cada domingo la Eucaristía se celebra en al menos 18 lenguas diversas.  La presencia hispana, por ejemplo, con su multitud de variantes culturales correspondiente a las distintas naciones de origen, se siente especialmente vinculada a la conmemoración del quingentésimo aniversario, pero también a la reinvindicación del indígena y del afroamericano.

 

    Por otra parte en nuestra diócesis no hay grupo cultural europeo que no esté representado, testimonio de esa herencia son las numerosas Iglesias Nacionales.  Además, nuestra diócesis ha acogido a comunidades católicas de los países latinoamericanos que no son de origen hispano; así como a grupos católicos provenientes de Asia, Africa y Oceanía.   

 

11.  En esta epifanía de fe debemos detenernos ante esa hermosa y rica realidad eclesial de nuestra diócesis, signo de catolicidad y de unidad, y mirar hacia el pasado, hacia la propia historia que merece celebrarse con ocasión del quinto centenario.

 

     Como diócesis tenemos 139 años, ya que en 1853 el Papa Pío IX nos segregó de Nueva York, que hacía tres años a su vez había sido elevada a la dignidad de arquidiócesis metropolitana.  En ese momento y durante 104 años nuestro territorio abarcó todo Long Island hasta que el Papa Pío XII creara en 1957 la Diócesis de Rockville Centre, quedando nosotros reducidos a los dos distritos o condados de Brooklyn (Kings) y de Queens, con sólo 179.25 millas cuadradas (464 kilómetros cuadrados) y una población, según el censo de 1990 de 4.252,262 habitantes, de los cuales aproximadamente 1.545,100 son católicos.11

 

12.  Nuestra diócesis ha tenido durante estos 139 años sólo cinco obispos, contándome yo de sexto.  Sea la ocasión para agradecer todo lo que hicieron mis cinco antecesores: monseñor John Loughlin, quién gobernó la diócesis desde 1853 hasta 1891; monseñor Charles E. McDonnell, quién le sucedió desde 1892 hasta 1921; monseñor Thomas E. Molloy, el tercer obispo, quién gobernó de 1921 a 1956; monseñor Bryan McEntegart que le sucedió en 1957 y renunció en julio de 1968 muriendo dos meses después, y monseñor Francis J. Mugavero, obispo de Brooklyn desde 1968 hasta el 20 de febrero de 1990 cuando le fué aceptada su renuncia, habiendo fallecido sorpresivamente, como todos ustedes recordarán, el 12 de julio de 1991.

 

    A estos hombres de Iglesia a quienes debe tanto el crecimiento de fe de esta diócesis, como a las obras que hicieron o que apoyaron -al igual que a todos los hombres y mujeres que colaboraron en el ministerio pastoral de la diócesis- llegue en esta ocasión nuestro recuerdo agradecido, y desde lo profundo de nuestros corazones, pidámosle al Señor que los siga premiando por toda la etenidad.  De su ejemplo hoy nosotros tenemos un estímulo para continuar en la faena apostólica.

 

13.  Dando un paso más, quiero que nuestra reflexión sobre la epifanía de fe se dirija hacia el futuro, para intentar reponder a los grandes retos que se le presenten a nuestra diócesis de cara a la "Nueva" Evangelización.  Ubicados en las luces de nuestra historia católica e hispanoamericana, y liberados de las sombras de los errores y pecados trágicos, tenemos que desarrollarnos como Iglesia para poder predicar el Evangelio en el tercer milenio del cristianismo.

 

     Por eso, quiero que todos, comenzando por mí, con la ayuda invaluable de mis obispos auxiliares, de todo el clero, de los religiosos y religiosas, de los innumerables líderes laicos y de todo el pueblo de Dios, nos renovemos con un "nuevo" ardor misionero que se concrete en un esfuerzo especial de llegar con el mensaje de Jesucristo a tres grupos de personas:

 

            a. A los hermanos nuestros que han dejado de practicar la fe y han caído en la indiferencia, el agnosticismo o el ateísmo práctico, o se han pasado a sectas o movimientos libres o falsas, para que vuelvan a la Iglesia.

 

            b. A los hermanos nuestros recién llegados de latinoamerica, sobretodo aquellos que se sienten desorientados, marginados, o rechazados en su nuevo ambiente, para que se unan estrechamente a la Iglesia.

 

            c. A los hermanos nuestros cuya presencia dentro de nuestra Iglesia es debil, como son los artistas, los científicos, los financistas, los hombres de negocios o los políticos, para que se integren más en la comunidad eclesial y dentro de ella vivan más intensamente la riqueza de sus dones.

 

14.  Ese "nuevo" ardor debe ir unido con un esfuerzo especial por difundir y consolidar dentro de la diócesis los grandes valores cristianos respecto al matrimonio, la sexualidad y la familia.  Valores hoy desprestigiados por los medios de comunicación social, pero que están dentro del mensaje de fe de la Iglesia: el valor del derecho a la vida del no-nacido, el valor de la virtud de la castidad y aún del don de la virginidad y el valor de la fidelidad conyugal.

 

     Invito a todos para que multipliquemos los esfuerzos y las iniciativas, las campañas y los compromisos personales y comunitarios para tratar de ir progresivamente disminuyendo  los fenómenos que corroen la estabilidad y la santidad de la vida de hogar como son las relaciones prematrimoniales y extramatrimoniales, el madresolterismo, la pornografía, la prostitución, la promiscuidad sexual, etc.12

 

15.  En especial a los párrocos y a los líderes de los movimientos y grupos apostólicos existentes en la diócesis los exhorto y animo para que hagan un esfuerzo por buscar o intensificar el uso de "nuevos" métodos pastorales adecuados a la "Nueva" Evangelización.  En esta epifanía de la fe quiero insistir en tres características metodológicas prioritarias.

 

            a.  La de potenciar el uso pastoral de los "medios de comunicación social", ya que ellos son los "areópagos" modernos desde donde se debe difundir el evangelio.

 

            b.  La de buscar, y si es preciso crear, métodos que respeten y potencien la cultura propia de cada grupo o comunidad étnico-cultural que exista en nuestra diócesis.

 

            c.  La de utilizar la variedad y el desarrollo tecnológico de las ciencias informáticas. 

             

16.  Finalmente, la "Nueva" Evangelización requiere de "nuevas" expresiones culturales, más concordes con el espíritu del mensaje de Jesucristo.  Yo, en nombre del Señor, les pido a todos para que busquen, adopten, fortifiquen y apoyen, al menos las siguientes seis "nuevas" expresiones culturales:

 

            a. Todas las que reflejen la defensa de la vida humana desde la concepción hasta la muerte, frente a una cultura de la muerte defensora del aborto, la eutanasia, la eugénesis, la guerra, etc.

 

            b. Todas las que promuevan la austeridad y el sacrificio frente a las actuales formas culturales de desperdicio.

 

            c. Todas las que muestren y apoyen la solidaridad y la vida comunitaria en vez de la cultura reinante de individualismo y consumismo.

 

            d. Todas las que señalen el valor de la ética integrada con la técnica, el valor de las personas sobre las cosas y el valor de lo espiritual encarnado en lo material.

 

            e. Todas las que fortalezcan el cumplimiento del deber, la honradez, la honestidad y la dignidad del trabajo, así como la corrección en el manejo de los bienes y servicios, frente a las múltiples expresiones de corrupción.

 

            f. Todas las que exalten el sacrificio, la entrega, el amor desinteresado, la castidad, la pureza de intención, la rectitud, etc., en vez del hedonismo, el desenfreno, la lujuria, la permisividad, etc.

 

17. Todo este proceso de "Nueva" Evangelización al que estoy invitando como una consecuencia lógica y cristiana de la epifanía de fe que deseo con motivo del quinto centenario del inicio de la Evangelización en las Américas, lo coloco a los pies de Nuestra Señora la Virgen María, la Estrella de la Primera y de la "Nueva" Evangelización, en su advocación de Nuestra Señora de las Américas, que reúne en ese título todos los de las diferentes tradiciones incluyendo las tan queridas de Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona y Emperatriz de las Américas y de la Inmaculada Concepcion, patrona de nuestra diócesis y de todos los pueblos católicos que se integran dentro de los Estados Unidos de América, tierra de esperanza y de acogida, ahora y siempre.

 

   Que Nuestra Señora de las Américas permita a todos los que viven o lleguen a la Diócess de Brooklyn en busca de un mejor destino, dentro de un marco de libertad y democracia, ser siempre acogidos, y encuentren en mí, con todas mis limitaciones, un verdadero amigo y un celoso pastor.

 

                        A todos con cariño en Cristo,

 

 

                        Monseñor Thomas V. Daily

                        Sexto Obispo de Brooklyn

 

Brooklyn, New York

19 de noviembre de 1992

Fiesta de Ntra. Sra. de la Divina Providencia


 

NOTAS

 

    1. "Herencia y Esperanza.  Evangelización en los Estados Unidos" Carta Pastoral en el Quinto Centenario de la Evangelización de las Américas.  Conferencia Nacional de Obispos Católicos, noviembre de 1990.  "El drama de la Evangelizacion."

 

 

     2.   Juan Pablo II, Carta Apostólica "Los caminos del Evangelio" No. 8, 29 de junio de 1990 y Juan Pablo II, Discurso a los participantes en el Simposio sobre la Historia de la Evangelización de América, No.3, 14 de mayo de 1992 "Más luces que sombras."

 

 

     3. "Herencia y Esperanza" op. cit.  "La Evangelización y los afroamericanos."

 

 

     4.    Juan Pablo II Discurso ante el CELAM en Port-au-Prince, 9 de marzo de 1983, No. III, y Discurso ante el CELAM en Santo Domingo, 10 de diciembre de 1984, No. I.

 

 

     5.  "Herencia y Esperanza" op. cit.  los diferentes apartes de "Historias de Evangelización".

 

 

     6.  Ibidem.

 

 

     7. Monseñor David Arias "Spanish Roots of America", Indiana, 1992.

 

 

     8.  "Herencia y Esperanza" op. cit.  "Historias de Evangelización".

 

 

     9.  Ibidem.

 

 

     10.  Ibidem.

 

 

     11.  "The official Catholic Directory.  Anno Domini 1992", pág. 136.

 

 

     12.  "Sexuality Education Guidelines - Diocese of Brooklyn", Brooklyn, New York 1992.



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